jueves, 28 de febrero de 2013

Cuánto mal que te ahorraría, si pudiera.

Todo se me vuelve a hacer demasiado: demasiado duro, demasiado absurdo, demasiado ilógico. Y el miedo va creciendo a medida que pasan las horas, porque significan sesenta minutos más de tu ausencia, y se me antojan eternidades más extensas de lo que nunca estuve dispuesta a soportar.
Detesto la lástima. Probablemente no sea esta la mayor adversidad que habré de soportar durante el resto de mi vida, y quizás esta cuesta no se me esté haciendo tan escarpada como creí que sería. Sin embargo, para quien un día lo tuvo todo, es difícil acostumbrarse a un casi todo.
El tiempo corre, y aunque soy feliz porque todo sigue igual que antes, cada noche trae consigo nuevas melancolías, así como ese indomable temor a ser la culpable, a no haber hecho lo suficiente, o quizás a no haber dado la talla.
¿A quién quiero engañar? Si sigo ahí es porque sé que esto vale la pena.


martes, 26 de febrero de 2013

Siempre fui una ilusa.

A veces se trata simplemente de hacer balance, de tener claro por qué cosas vale la pena llevar a cabo un esfuerzo mayor o esperar un determinado tiempo. Y solemos pensarlo demasiado, sin ser conscientes de que, por mucho que decidamos entre romper con todo y olvidar o aguardar un poco más, carecemos de poder para cambiar lo que decide el corazón.

domingo, 24 de febrero de 2013

I may have a thousand reasons to leave.

Lo cierto es que tuvieron que morir mil lunas en la inmensidad del día para que yo lograra entender que aguardaba un imposible. Por ello, me pregunto cuánto tiempo habrá de pasar esta vez hasta que se borre de todo mi ser el rastro de lo que un día tuve y que perdimos por esa prisa traicionera. Lanzo los entresijos de mis dudas al aire, como aguardando que hallen por sí mismas respuestas coherentes, mas solo consigo recordar otro tiempo protagonizado por las inseguridades.
Las noches en vela no las cambio por nada, porque han sido pequeños oasis entre mi infinito desierto de temores e incertidumbres. Ahora solo busco la seguridad de saber que no han sido las últimas. Porque, tal y como me repetía a mí misma miles de veces, el mundo podría haber terminado en uno de aquellos instantes sin importarme apenas. El problema es que siempre me lo negué, mas me sigue costando la vida pensar en todo aquello y vernos como un error.

sábado, 23 de febrero de 2013

We were innocent and young

"Y, como si no fuese suficientemente duro escuchar su voz de nuevo, vuelve a mirarle a los ojos tras todo ese tiempo. Esos ojos que siempre le transmitieron calma se clavan imperturbables en los suyos como si ya esperaran aquel encuentro. Esos ojos que parecían saber a cada instante lo que estaba por suceder, excepto el fin, porque nadie creyó factible que pudiese terminar. Se halla de nuevo en una lucha a muerte entre la placidez de volver a sentir su aroma y la inquietud del vacío que dejará cuando se vaya. Porque sabe que volverá a irse, sabe que eso es lo malo de los reencuentros, que son solo eso, momentos efímeros que duran menos de lo que nos gustaría y reabren cicatrices. Le asaltan las dudas, que le parecen tan nuevas aunque sean bien conocidas, y se pregunta cómo tuvo el valor de perder todo lo que una vez poseyó, y que ahora se le escapa como a quien trata de retener vestigios de aire entre los dedos. Se deja caer una vez más en manos del destino, que quizás decida en su lugar, mas no es casualidad que la persona que tiene delante protagonice todos y cada uno de sus pensamientos. Lo sabe bien, y trata de negárselo porque le aterra reconocer los que han sido sus errores."

No puedo luchar de nuevo contra quien soy

No me hables de grandes errores cuando, al intentar enmendarlos, has dejado en tu vida un vacío imposible de ignorar. Es cierto que a veces no es momento ni lugar para un cambio significativo, y aunque no deseo aferrarme a ello por la necesidad de un aliciente poderoso para continuar, no puedo evitar pensar en lo que podría haber sido. Y quizás es lo que menos me conviene en estos momentos.

jueves, 21 de febrero de 2013

Se queda conmigo esta nada.

Ahora comprendo eso de que la suerte se acaba, que he sido una ilusa creyendo que el esfuerzo era suficiente. Y ha bastado tan poco tiempo para llegar a lo más alto y volver a caer en picado que me vuelve ese aterrador sentimiento de soledad irrebatible, porque jamás me había salido tan estrepitosamente mal algo de lo que estuve segura desde el primer momento.
Nunca creí en la absurda fortuna, me gustaba pensar que los resultados de nuestros actos van en cuán perseverantes seamos. Sin embargo, esta vez no sé a qué aferrarme, he jugado mis cartas, lo he apostado todo con una convicción demoledora y me la he vuelto a jugar a mí misma. Porque así ha sido, por mi absurda manía de dejarme caer en el abismo sin comprobar cuán profundo es este, porque llevo tanto tiempo balanceándome pendiente de un hilo que al final he caído cuando menos lo esperaba, por quien menos lo esperaba, y he recibido todos los golpes de una vez. Y sería ir en contra de mi naturaleza cerrar este capítulo, porque luchar por algo durante un tiempo y abandonarlo a la primera dificultad casi me suena cobarde. No prometeré nada, porque, a mi entender, lo malo de las promesas es que están hechas para ser cumplidas, y al final nunca sucede así. Sin embargo, hay cosas por las que vale la pena luchar, y solo el tiempo dirá qué camino hemos de tomar.
Ay, y lo peor de todo es no tener a quién culpar, ni siquiera a mí misma por haber errado de nuevo...

miércoles, 13 de febrero de 2013

Y tu sed es mi tormento

Ella se detiene frente a él con ojos suplicantes, con la esperanza de que la suerte la favorezca esta vez. La valentía que ha tratado de cultivar en lo más profundo de su persona la desampara de nuevo, y se siente cual hierbajo insignificante sufriendo la fuerza demoledora de un huracán. Supongo que no es cosa de cobardes, que todos nos sentimos indefensos cuando destapamos nuestros miedos a alguien. Y ella, aunque confía a ciegas, se advierte a sí misma que su idea de felicidad puede volver a truncarse. Sin embargo, no abandona su cometido, porque lo ha jugado todo en mil y una apuestas y ya no le queda más por perder.
Él no es consciente de la pura suerte que ha tenido. Ella se cree víctima de una burda treta del destino, sin saber que ha dado justo en la diana, y que poco a poco todo ha comenzado a recuperar la armonía que creía extraviada.

viernes, 8 de febrero de 2013

Si al menos supiéramos escuchar...

"Te expliqué, hace no mucho, los motivos que me llevaron a tomar todas las decisiones erróneas cuyas consecuencias aún me martirizan hoy por hoy. Sin embargo, no estoy aquí para pedirte disculpas. He metido la pata mil veces, y por esas mil he pedido perdón casi en un millón de ocasiones. Enmendé mis equivocaciones, en un primer momento con palabras, y tras ellas llegaron los actos que las corroboraron, que tú recuerdas tan bien o mejor que yo. No necesito que me expliques ahora eso de que los caminos se bifurcan, o que aludas al destino para justificar tu insensata cobardía, que es la única culpable de lo que nos está sucediendo.
Si me preguntan por el momento más especial o más importante de toda mi vida, probablemente no tendrá nada que ver contigo, porque a veces damos más trascendencia a esos instantes de absurda euforia, pero esos son demasiado efímeros para mi gusto. Me quedo con el recuerdo general de maravillosos años de amistad que se me antojaban interminables, pero tras golpearme de lleno contra la realidad he comprendido que nada es eterno. Ni tú, ni yo, ni el lazo de acero que nos unía."

jueves, 7 de febrero de 2013

I have died everyday waiting for you

Dicen que el ser humano tiene más miedos e inquietudes cuando las cosas le van bien, que es menos nocivo el temor a no triunfar nunca que el miedo a caer tras haber triunfado. Supongo que ese pavor a no alcanzar nuestros objetivos justifica lo que somos, lo que queremos y la evolución que experimentamos a lo largo de nuestra vida.
Quizás en el momento en el que fallas, ese en el que caes de nuevo en la incertidumbre del fracaso, es cuando menos piensas que todo sucede por algo y que las adversidades suceden para que sepamos apreciar los más hermosos momentos. Pero solo nosotros mismos tenemos la capacidad de disipar las nubes de nuestro cielo. Sí, lo sé, somos seres humanos y nunca hemos sido tan autosuficientes como hacemos creer a los demás. Todos, sin excepciones, necesitamos a alguien que, sin llegar a anularnos, complemente quienes somos y qué objetivos deseamos alcanzar. Y cuando al fin creemos haberlo encontrado, todo vuelve a cambiar.
Siempre tomamos por dementes a aquellos que dicen que el amor aparece cuando menos lo esperas, que si lo fuerzas casi ni vale la pena, y que cuanto menos lo buscas más rápido lo hallas. Sin embargo, no importa el momento ni el lugar, ni siquiera si crees amar a otra persona. De pronto, aparece alguien que te hace sentir como en casa, que te recuerda cómo sabe la victoria, y te preguntas qué has hecho durante tantos años de tu vida sin su presencia. Aunque todo parece menos lógico y más extraño, todas las piezas de tu puzle vital comienzan a encajar una por una. Y apuestas todas tus esperanzas, aunque te aterra volverlo a perder todo. Pero así es el juego, amigos, no existe amor a medias, es un todo o nada.

viernes, 1 de febrero de 2013

Pero no siempre es el miedo quien sale victorioso

"Y ella comprendió con una lastimosa clarividencia que las injustas torturas a que le había sometido a él no eran dictadas por una voluntad de venganza, como todo el mundo creía, ni el lento martirio con que le frustró la vida había sido determinado por la mala hiel de su amargura, como todo el mundo creía, sino que ambas acciones habían sido una lucha a muerte entre un amor sin medidas y una cobardía invencible, y había triunfado finalmente el miedo irracional que ella siempre le tuvo a su propio y atormentado corazón."
Cien años de soledad, Gabriel García Márquez.