miércoles, 29 de mayo de 2013

Y vuelvo a toparme con su infinito hechizo.

Tenía miedo de haberla olvidado, de haberle perdido la pista entre los retales de esa parte de mí que ya logré dejar atrás. Temía que su compañía vivificante se marchase cuando llegase hasta mí la certidumbre, y que yo terminara por olvidar los desvelos en su presencia, las noches de infinita calma acariciando sus recovecos, volando a través de sus misterios e inventando con ella nuevos mundos que suceden simultáneamente en alguna parte de mi disparatada mente. Siempre me he preguntado cómo es posible que algo tan abstracto haga que mi universo se vuelva más concreto que el cemento, que vuelva a poner los pies en la tierra tras tanto tiempo de vuelo lejano en búsqueda de nuevas sensaciones y viviendo rodeada de esa magia que la vida te otorga en tan pocas ocasiones.
Sin embargo, por muy lejos que logre llegar, ella siempre me alcanza y me trae de vuelta a quien soy, envolviéndome con el infinito hechizo de las palabras. Porque las palabras nunca te abandonarán a tu suerte. Ellas están ahí, durante cada segundo que marca la manecilla del reloj, para lograr hacerte olvidar las adversidades o ayudarte a rememorar los momentos más hermosos.
Y tal vez sea la única que piensa que escribir y volar deberían ser sinónimos.

miércoles, 15 de mayo de 2013

No sé soñar si no es contigo.

Sin apenas planearlo, de un tiempo a esta parte todo ha vuelto a cobrar sentido: las noches en vela, esas palabras que siempre tuvieron dueño aunque yo tuviese miedo de admitirlo, y la inexplicable sensación de tener todo lo que deseas. Cierto día me dijeron que, cuando se es feliz, los sentimientos están tan a flor de piel que todo es una emoción constante. Siempre lo califiqué de absurdo, pues nunca fui de las que detestan verse superadas por determinadas sensaciones. Mas, ¿A quién quiero engañar? Cada recoveco, cada escondrijo de este lugar viene con recuerdos que me producen escalofríos de emoción. 
Supongo que nunca nos creemos aquello de que la tormenta no dura eternamente, hasta que no nos topamos de lleno con la calma que trae consigo la estabilidad del amor recíproco. Reconozco que fui una incrédula hasta que no me vi en medio de esta odisea que es la felicidad plena.

jueves, 9 de mayo de 2013

How I wish you were here.

Tal vez todo esto es ley de vida. Primero te acostumbras a algo, con sus vaivenes y sus adversidades, y justo después se te aferra al cuerpo el inmenso miedo a perderlo. No importa cuánto tiempo pase, ni si confías plenamente en ello. No hay peor inseguridad que aquella que surge de la nada, sin razón alguna, que nos permite comprobar cuán humanos somos. Y me temo que ser humano es sinónimo de ser frágil. Frágil de corazón, frágil de determinación, frágil de fuerza de voluntad. Quizás la que nos salva es la capacidad de amar, pero ni siquiera estoy segura de ello. Lo que sé es que nadie vuela más alto que una persona enamorada, por muy bien que sepa lo que dolerá la caída.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Solo quiero dejar de huir.

"Al principio creía que moriría de amor, que la suerte volvía a jugarme una mala pasada y era yo de nuevo la víctima que caía en el momento menos indicado. Luego comprendí que nadie perece por amor, y que la suerte es cosa de cobardes. Nunca me tuve entre las más audaces, ni siquiera la primera vez que me enamoré fui capaz de actuar en consecuencia. Y entonces, tras toda una vida mermada por las inseguridades, resurgí para volver a la lucha, aunque ellas siguen ahí, cuestionándose lo certero de cada paso que doy e intentando desestabilizarme con sus murmullos y sus miradas difamadoras. Sin embargo, en el camino hasta aquí he aprendido que ni yo soy tan débil como creen, ni los miedos son tan poderosos como otros tratan de hacerme ver. Es lógico tener ganas de salir corriendo de vez en cuando, anhelar huir y desaparecer por un tiempo. Yo solo quiero quedarme, solo eso."