martes, 6 de mayo de 2014

Για πάντα

Ya no recuerdo la última vez que te escribí, como si pasara siglos sin verte porque estás ahí siempre y es lo que causa la costumbre. Pero esta rutina lacerante me hace pararme de vez en cuando a pensar en la suerte y en la infinita dicha de saber que, por muy hondo que caiga o muy lejos que me vaya, siempre habrá alguien que me levante o que espere con ansia mi regreso.
Nunca tuve que buscarte porque desde que tengo uso de razón estabas aguardándome, como nadie lo había hecho nunca y como nadie lo hará jamás. Contigo no tengo miedo, no existen dudas y sé que, por mucho tiempo que pase, seguiremos siendo una sola en las buenas y en las malas.
Me quedo corta si digo que no hay escritor con maestría suficiente para plasmar con palabras todos los agradecimientos que te debo, todas las deudas que tengo contigo y que, aunque no se saldan con unas pocas frases, este es el intento que me sale del corazón esta noche.