viernes, 27 de septiembre de 2013

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Antes trasnochaba por la mera necesidad de soledad, por el imperante deseo de ordenar mis ideas sin que nadie pudiera interrumpirme. Solía dormir en busca de aquellos sueños que jamás lograría alcanzar en la realidad, como si eso fuese suficiente y creyera que podría sobrevivir a base de ello. Mas bien sabemos que las utopías nunca bastan, ni siquiera a escritoras lunáticas como yo. Sin embargo, de un tiempo a esta parte padezco otro tipo de demencia, una demencia que parece casi cuerda, que provoca que nunca sean suficientes las palabras que ansío dedicarte. Dicen que el amor vuelve a uno casi loco, y no sé si sea cierto, pero es esta irracionalidad la que me ha convertido en una persona estable capaz de soportar mil y un obstáculos que se presenten. Tal vez es que siempre fui una demente.

viernes, 20 de septiembre de 2013

El amor en los tiempos del cólera.

"No le dijo a nadie que se iba, no se despidió de nadie, con el hermetismo férreo con que sólo le reveló a la madre el secreto de su pasión reprimida, pero a la víspera del viaje cometió a conciencia una locura última del corazón que bien pudo costarle la vida. Se puso a la medianoche su traje de domingo, y tocó a solas bajo el balcón de Fermina Daza el valse de amor que había compuesto para ella, que sólo ellos dos conocían y que fue durante tres años el emblema de su complicidad contrariada. Lo tocó murmurando la letra, con el violín bañado en lágrimas, y con una inspiración tan intensa que a los primeros compases empezaron a ladrar los perros de la calle, y luego los de la ciudad, pero después se fueron callando poco a poco por el hechizo de la música, y el valse terminó con un silencio sobrenatural. El balcón no se abrió, ni nadie se asomó a la calle, ni siquiera el sereno que casi siempre acudía con su candil tratando de medrar con las migajas de las serenatas. El acto fue un conjuro de alivio para Florentino Ariza, pues cuando guardó el violín en el estuche y se alejó por las calles muertas sin mirar hacia atrás, no sentía ya que se iba la mañana siguiente, sino que se había ido desde hacía muchos años con la disposición irrevocable de no volver jamás."

martes, 17 de septiembre de 2013

Escribir para alguien es la muestra de amor más vehemente.

"Hace tiempo, me juré una y mil veces que no volvería a comparar el escribir sobre ti con el contacto silencioso aunque abrumador de mis dedos sobre tu piel. No sé si es que cada vez que escribo acerca de ti trato de evocar los más ínfimos detalles de tu cuerpo, pero, cariño, créeme que no me es necesario. Mi mente conoce de memoria cada recodo de tu presencia, y lo rememora a todas horas y sin tregua alguna, exceptuando, sin lugar a dudas, los instantes en los que estás frente a mí. Tal vez no me atrevo a hablar de magia, pero ocasionas en mí sensaciones similares a las que me poseen cuando escribo. Concibe tú cuán vehemente puede ser ese sentimiento."

domingo, 15 de septiembre de 2013

Tan simple como eso.

"He dejado de intentar descifrarme. Mi definición de dicha es simple: soy feliz si andas cerca, si sé que en los momentos de flaqueza basta una palabra mágica para volver a toparme con la calidez de tu esencia. ¿Cómo podría negarlo, si es una evidencia tan irrebatible que de vez en cuando termina por intimidarme? Estas son mis cartas, las he puesto sobre la mesa siendo consciente del riesgo. Pero digamos que el posible peligro ya no me amedrenta, no si sé que tras de mí estás tú para frenar mi caída."

sábado, 14 de septiembre de 2013

Y parece que fue ayer cuando partía por vez primera.

Siento no ser la misma de antes. Hace tiempo que dejé de darlo todo por aquellas personas que no fueron capaces de hacerlo por mí. Y aunque siempre fui una necia, olvidas miles de ínfimos pero primordiales detalles que han cambiado quien era.
Solía ser una persona solitaria, siempre independiente y con ansias de demostrar al mundo mi potencial. También solía perseguir al amor, moría por hallar a alguien que entendiera mis motivos para ser así y lo tolerara por encima de todo. Hace apenas unos meses que comprendí que el amor es un prodigio que si lo fuerzas termina estallando por sí solo, que es necesario dejarlo fluir y que tome su propio ritmo. Antes era alguien con sentimientos de acero de cara a la multitud, siempre con esa absurda e inverosímil pose de hielo que levantaba para ocultar los temores que mis inseguridades ocasionaban.
Me bastó partir un mes de septiembre sombrío, lleno de lágrimas, despedidas y promesas de regreso, para encontrarme a mí misma por completo. Sin embargo, ese septiembre llegó también cargado de anhelos y altas expectativas que quién sabe si al final he logrado cumplir o no. He de reconocer que soy feliz así, que tras haberme topado con tan increíble magia no hay más que pueda pedirle a la vida. Me basta con perderme unos instantes en la armonía de sus ojos para comprender que al fin he encontrado mi lugar en el mundo.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

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"Siempre había entendido que morirse de amor no era más que una licencia poética. Aquella tarde, de regreso a casa otra vez sin el gato y sin ella, comprobé que no solo era posible morirse, sino que yo mismo, viejo y sin nadie, estaba muriéndome de amor. Pero también me di cuenta de que era válida la verdad contraria: no habría cambiado por nada del mundo las delicias de mi pesadumbre. Había perdido quince años tratando de traducir los cantos de Leopardi, y solo aquella tarde los sentí a fondo: Ay de mí, si es amor, cuánto atormenta."
Gabriel García Márquez.

domingo, 8 de septiembre de 2013

All I ever wanted.

Adoro saber que comprendemos lo que somos, que carecemos de la necesidad de demostrar nada a nadie, y que nos sentimos más vivos que nunca cuando nos miramos a los ojos. No puedo negar que entre tus brazos este mundo hipócrita y cicatero recobra el sentido que alguna vez creí que se había extraviado, que el invierno más crudo se me antoja cálido y confortable si estás cerca, porque te juro que esta ciudad parece mil veces más fría cuando te marchas.

martes, 3 de septiembre de 2013

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"Hacía tiempo que deseaba escribir esto y jamás me he puesto a ello. Supongo que no he tenido la suficiente fuerza de voluntad para hacer frente a lo que se me vino encima cuando todo sucedió, o tal vez la prisa ha hecho que las palabras se agolpen en mi mente y no puedan salir. Hoy fluyen con tanta naturalidad que me asusta, que temo plasmar algo que esté de más y que el daño sea irreversible, atendiendo a quien dice que cada uno es esclavo de sus palabras.
No fui consciente de que todo estaba predestinado a la catástrofe hasta que no la tuve frente a mí. Supongo que nos gustaba engañar al subconsciente, que normalizábamos la situación porque era insostenible el tiempo que pasábamos en mutua compañía. Sin embargo, dicen por ahí que los problemas que barres bajo la alfombra terminan resurgiendo con la fuerza del rencor y el resentimiento que le otorga el paso del tiempo.
Digamos que jamás fuimos lo que creíamos, que formamos parte de una incongruente pantomima en la que éramos protagonistas, en la que alzábamos la amistad como bandera única y símbolo propio. Tal vez es que nunca procedimos del modo correcto, que sabíamos que se iría a pique con el mero roce de terceras influencias, mas hicimos caso omiso por continuar con la utopía de algo eterno. Puede incluso que tú desearas que mi porvenir no fuese exitoso, o que yo ni siquiera anhelara tu bonanza, si no que tras las cuatro paredes de un refugio competimos por quien lograba una gloria mayor. No lo sé. Las cosas me van demasiado bien como para creer que me preocupo demasiado poco por este tema, pero tú y yo sabemos que ha habido un punto de inflexión tan obvio que aterra. Yo ya he dejado de temerle, de un modo u otro. Ojalá corras la misma suerte, y que no te encuentre nunca en cualquier parte del mundo y tenga que fingir que no recuerdo tu rostro."

domingo, 1 de septiembre de 2013

Y cuando reaparece me deja sin armas.

Detesto esa manera de volverme loca, esa forma de arrebatarme la voluntad. Aborrezco ese apremio con el que me insiste cada noche para que me adueñe de ella como antaño, cuando éramos una sola y formaba parte de mí, cuando la inspiración me visitaba con mayor frecuencia que de un tiempo a esta parte. No fui consciente de lo mucho que significaba en mi vida hasta que me vi ausente, me detuve frente a mi reflejo en un maltrecho y devastado espejo y no logré hacer fluir las palabras. Las había perdido de nuevo, no conseguía traer de vuelta esa magia que antes me embriagaba cada madrugada y que constituía el momento del día en el que mostraba mi yo más real, más puro, más sincero. Jamás dejé entrar a nadie en ese universo paralelo que formé para escapar, tal vez, de un mundo mezquino e incomprensible. Quizás sea diferente ahora porque ya carezco de razones para querer evadirme. Sin embargo, la magia de las palabras permanece a mi lado sin importar el tiempo que pase o lo que puedan llegar a cambiar los acontecimientos a mi alrededor.