Antes trasnochaba por la mera necesidad de soledad, por el imperante deseo de ordenar mis ideas sin que nadie pudiera interrumpirme. Solía dormir en busca de aquellos sueños que jamás lograría alcanzar en la realidad, como si eso fuese suficiente y creyera que podría sobrevivir a base de ello. Mas bien sabemos que las utopías nunca bastan, ni siquiera a escritoras lunáticas como yo. Sin embargo, de un tiempo a esta parte padezco otro tipo de demencia, una demencia que parece casi cuerda, que provoca que nunca sean suficientes las palabras que ansío dedicarte. Dicen que el amor vuelve a uno casi loco, y no sé si sea cierto, pero es esta irracionalidad la que me ha convertido en una persona estable capaz de soportar mil y un obstáculos que se presenten. Tal vez es que siempre fui una demente.
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