viernes, 24 de diciembre de 2010

Errores

No hay nada más que yo pueda hacer o que esté en mi mano. Es sencillo y fácil de entender, las cosas no dan más de sí. No es lógico caer una y otra vez en el mismo error cuando hay personas alrededor advirtiéndote del peligro inminente sin cesar. Quizás es cierto eso de que somos nosotros mismos los que nos cegamos ante una situación difícil, nos olvidamos del dolor que ésta causa, lo damos todo por solucionarlo, y decidimos esconder todas las situaciones en las que hemos sufrido bajo la alfombra, para así lograr olvidarlas. No hay error más grande que este. Hay cosas que se olvidan, cosas que no tienen importancia; otras, hay que afrontarlas. De lo contrario, se irán sucediendo situaciones similares a lo largo de la vida, y es obvio quién saldrá perjudicado.

martes, 21 de diciembre de 2010

Otro mundo paralelo.

Dicen que la belleza con el tiempo se esfuma. Dicen que con los años, todos y cada uno de los sentimientos existentes en la faz de la tierra se erosionan, tienden a cambiar, en ocasiones incluso a desaparecer, a esfumarse. También es bien sabido que cuanto más contacto existe entre dos superficies, más rápida y letal es la erosión que las afecta. Es a veces la estupidez la que nos remite a cometer errores banales, que aún así no dejan de ser importantes, y que en tantas ocasiones nos llevan hasta lo más hondo del pozo de sentimientos y pensamientos escondido en nuestro interior. Afirmaría, mediante experiencias vivas y claras, y poniendo la mano en el fuego, que cuanto más absurda, repentina y lacerante es la caída sufrida por las consecuencias del desgaste que la convivencia acarrea, más fácil será después cauterizar la superficie. Y es que, por consiguiente, también dicen que el miedo al dolor es fácil de perder. Tan fácil que, por momentos, eres capaz de verte en otro mundo como si nada. Como si quisieras escapar de la realidad devastadora, a pesar de que ésta solamente provoca una absurda indiferencia que después es demasiado complicada de cambiar, incluso diría que casi imposible. Así pues, para terminar, afirmaré que, hasta ahora, perder el miedo no está exento de inconvenientes, pues librar batallas contra nadie, sin adversario, jamás fue fácil y jamás lo será.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

9 de diciembre de 2010.

No quisiera entrar en una guerra, esto se me está yendo de las manos. A veces deseo escaparme, desaparecer unos instantes para vislumbrar claramente qué es lo que busco o espero de todo esto. A veces tengo la sensación de que soy distinta, de que soy una especie de excepción a toda la gente de mi entorno, que hay cosas que nunca he sentido y jamás seré capaz de sentir. Y de repente, como una luz, todo cambia. Me he visto envuelta en situaciones similares tantas veces, que no sé de qué me sorprende. Lo sé, soy capaz de llegar a extremos inimaginables con la simple a la par que compleja imaginación, pero creo que merezco un poco más de lo que se me está dando. Todo, absolutamente todo lo que hago, tiene una finalidad concreta, jamás haré cosas que quizás sean en vano. Quizás ahí está el problema. Las cosas están cambiando definitivamente, ya no hay poder humano que pueda detenerlo. Lo que siempre fui, todas esas cosas que siempre quise, y por las cuales siempre soñé, son distintas ahora. ¿Qué hacer, o qué decir, cuando el camino se bifurca, y debemos escoger hacia qué lado torcer? La decisión no se condiciona según a qué lado vaya esa persona especial, o quizás esas personas con las que pasaste toda tu vida. La decisión, el lugar hacia donde se irá al dar el siguiente paso, las circunstancias son capaces de cambiarlo, mas nunca, nunca, van a condicionar los proyectos de futuro que son impuestos sobre la línea de salida, sobre el comienzo de una eternidad.