miércoles, 8 de diciembre de 2010

9 de diciembre de 2010.

No quisiera entrar en una guerra, esto se me está yendo de las manos. A veces deseo escaparme, desaparecer unos instantes para vislumbrar claramente qué es lo que busco o espero de todo esto. A veces tengo la sensación de que soy distinta, de que soy una especie de excepción a toda la gente de mi entorno, que hay cosas que nunca he sentido y jamás seré capaz de sentir. Y de repente, como una luz, todo cambia. Me he visto envuelta en situaciones similares tantas veces, que no sé de qué me sorprende. Lo sé, soy capaz de llegar a extremos inimaginables con la simple a la par que compleja imaginación, pero creo que merezco un poco más de lo que se me está dando. Todo, absolutamente todo lo que hago, tiene una finalidad concreta, jamás haré cosas que quizás sean en vano. Quizás ahí está el problema. Las cosas están cambiando definitivamente, ya no hay poder humano que pueda detenerlo. Lo que siempre fui, todas esas cosas que siempre quise, y por las cuales siempre soñé, son distintas ahora. ¿Qué hacer, o qué decir, cuando el camino se bifurca, y debemos escoger hacia qué lado torcer? La decisión no se condiciona según a qué lado vaya esa persona especial, o quizás esas personas con las que pasaste toda tu vida. La decisión, el lugar hacia donde se irá al dar el siguiente paso, las circunstancias son capaces de cambiarlo, mas nunca, nunca, van a condicionar los proyectos de futuro que son impuestos sobre la línea de salida, sobre el comienzo de una eternidad.

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