sábado, 23 de enero de 2010

Dolor y lágrimas. Qué simple, ¿No? Hoy en día cualquiera sufre y llora. Pero puedo asegurar que no de esta insana manera. Fueron tantos momentos, años, meses, días, horas. Simplemente millones de instantes que dudo que mi corazón sea capaz de recordar en toda su plenitud. Fue tanto el amor, tantos los sentimientos brindados, que sólo cabe preguntarme, ¿Cómo voy a vivir sin ella?
Cuando dos personas se separan por una razón determinada, se sufre. Pero, ¿Y cuando alguien a cuya presencia estabas tan acostumbrado se marcha de forma irreversible? Deseo que vuelva, abrazarla, decirle que aún es pronto para marcharse para siempre. Pero ya no se puede. Aún no me creo lo que ha ocurrido, es absurdo. No puede haberse marchado. No puede ser cierto que no vaya a volver jamás.
Y con este pequeño espacio le entrego una pequeña gran parte de todo lo que tengo. A ella, porque fue como una madre. A mi abuela.

miércoles, 20 de enero de 2010

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Unos metros más adelante, en la misma ciudad, demasiado cerca para que se pueda evitar el dolor, lloraba una chica. Con la certeza de que las cosas habían cambiado, y no precisamente para mejor. Y entre lágrimas, rió. Por lo estúpida que fue, por lo ingenua. ¿Cómo iba a pensar con coherencia, cuando creyó que su sueño romántico comenzaba a realizarse? Y debió haberlo visto, porque en su subconsciente siempre supo que aquella historia de amor no iba a ser eterna. Porque, quisiera o no, en los ojos de él siempre acechaba aquella inseguridad, aquel pánico que ahora le estaba haciendo daño ella a pesar de no ser su culpa. Si hubiera sabido lo que se avecinaba, hubiera evitado el crear una vida en común con él. Porque la había dejado hecha jirones, sin motivaciones. Quizás no volviera a querer a nadie, pues ya su corazón estaba lo bastante devastado de sus dos grandes desengaños. Tan joven, y con el alma tan envejecida. Su belleza a partir de aquel momento se apagaría, se iría desvaneciendo poco a poco presa de las sombras y de la triste realidad que acontecía a su alrededor. Pero, ¿Qué podía importarle ya? Total, ya estaba acostumbrada a que los buenos momentos no fueran eternos. Y no sabía lo mal que lo pasaría días después, incluso meses, debido a su inmensa capacidad para fingir.

jueves, 14 de enero de 2010

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¿Por qué las cosas han de cambiar incluso cuando son tan sencillas y bellas? Sé que los días pasan, todo cambia. Pero, ¿Por qué ahora? ¿Quién decide cuando llega la hora de cambiar el curso de las cosas? Hay tantas cosas que no comprendo, como son las situaciones adversas que acarrea el porvenir. Si dicen que después de la tormenta viene calma, quizás es más correcto al revés. Siempre hay nuevas situaciones adversas cerca, tan cerca que parecería estrafalario si pudiéramos comprobarlo con nuestros ojos.
Hoy me era necesario decir algo aquí, por muy corto que sea, pues las palabras no son menos bellas si son pocas. Necesitaba expresar tantas cosas, y al enfrentarme a el teclado se han esfumado, como queriendo evitar ser plasmadas. Es todo tan extraño y a su vez tan sencillo. Tan inverosímil. Sinceramente, no sé qué es lo que quisiera expresar aquí. Simplemente dejo fluir las palabras.
Quisiera haber detenido el tiempo una vez, cuando las cosas iban mejor, para que nada pudiera cambiar y se acabaran todas las decepciones y las estupideces cometidas. Y no quiero pensar que las cosas van a ir a peor, pero es todo tan rocambolesco que a veces parece inevitable hacer malos presagios de lo que podría ocurrir.

sábado, 2 de enero de 2010

Harta

Estoy harta de brindar afectos inmerecidos, de fingir que olvidando las cosas sin antes encontrar una solución esta situación mejorará.
Voy a cambiar con este nuevo año... Por supuesto que sí. Se acabaron los detalles, se acabaron las falsas sonrisas. Voy a reivindicar lo que quiero, y con toda la fuerza de voluntad que sepa concebir, las cosas van a cambiar, todo a mi alrededor va a ser distinto.
Hoy no hay especial inspiración, simplemente es un desahogo.