martes, 26 de noviembre de 2013

Como si fuera fácil fingir que no hay ausencias que matan.

Tal vez es que uno se habitúa muy rápido a eliminar los "ojalá estuvieras aquí", a borrar de la memoria la desesperación que causa añorar a alguien. Como si no fuese lo suficientemente arduo acostumbrarse a ello, como si fuera fácil fingir que no hay ausencias que matan.
No sabría describir lo que sucede cuando se echa de menos. Quizás lo que sucede es que por cada hueco vacío creamos mil pensamientos, como ilusos que tratan de olvidar que es imposible comparar un recuerdo a las sensaciones que produce el contacto de otra piel sobre la propia.

lunes, 18 de noviembre de 2013

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"Gracias a ella me enfrenté por vez primera con mi ser natural mientras transcurrían mis noventa años. Descubrí que mi obsesión de que cada cosa estuviera en su puesto, cada palabra en su estilo, no era el premio merecido de una mente en orden, sino al contrario, todo un sistema de simulación inventado por mí para ocultar el desorden de mi naturaleza. Descubrí que no soy disciplinado por virtud, sino como reacción contra mi negligencia; que parezco generoso por encubrir mi mezquindad, que me paso de prudente por mal pensado, que soy conciliador para no recurrir a mis cóleras reprimidas, que solo soy puntual para que no se sepa cuán poco me importa el tiempo ajeno."
Memoria de mis putas tristes, Gabriel García Márquez.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Open your heart, I'm coming home.

No sé si será el frío de la madrugada, la sobrecogedora nostalgia o los inquietantes recuerdos que traen consigo sensaciones de las que siempre quise huir. Sin embargo, no puedo escapar a la evidencia de que mi fondo de historias sin contar comienza a rebosar, a pesar de que en los últimos meses he sido más yo que en los casi diecinueve años que he pasado buscando mi lugar en el mundo. Y, como ocurre con todos los absurdos que se han cruzado por mi vida, me ha costado tiempo y un vehemente esfuerzo llegar siquiera a creerme lo que está sucediendo. Es hora de admitir que no era el miedo a volar lo que me impedía despegar.
He comprendido que la vida no espera, pero si nos damos demasiada prisa corremos el riesgo de adelantarla. Y qué bonito es saber que tenemos tiempo de sobra, qué maravilloso llegar a un punto en el que entiendes que el futuro es incierto pero esto no supone un motivo de desazón. Al fin he concebido que la felicidad no es asegurarse el porvenir anhelado, sino conocer de manera inequívoca lo que esperas que suceda en el camino.