Tal vez es que uno se habitúa muy rápido a eliminar los "ojalá estuvieras aquí", a borrar de la memoria la desesperación que causa añorar a alguien. Como si no fuese lo suficientemente arduo acostumbrarse a ello, como si fuera fácil fingir que no hay ausencias que matan.
No sabría describir lo que sucede cuando se echa de menos. Quizás lo que sucede es que por cada hueco vacío creamos mil pensamientos, como ilusos que tratan de olvidar que es imposible comparar un recuerdo a las sensaciones que produce el contacto de otra piel sobre la propia.