viernes, 27 de mayo de 2011

Hechos que no debieron suceder.

El cansancio físico que en estos momentos acarreo sobre mis espaldas no es ni en su tercera parte comparable a lo harta que estoy de esta rutina, siento que todo me sobrepasa, que me iría ahora mismo y con los ojos cerrados a un lugar lejos de aquí, para perderme, para olvidar aunque sea durante pocos días todo lo que sucede, que llevo en mí desde hace tanto tiempo sin querer dejarlo salir.
Siempre afirmo que antes prefiero sufrir que no sentir nada, porque sé lo que es ésto, y por nada del mundo volvería yo a una situación así. Mas, cuando el día a día ha dejado de llenarme como antes, ¿qué puedo hacer? Hay sentimientos bellos, y otros no tanto, y ambos te pueden cambiar la vida para bien o para mal. También es cierto que hay un camino demasiado corto para que el siempre bello amor se pueda convertir en algo cansino, o incluso algo que se te aferra al pecho y parece que en ocasiones no te deja respirar. A veces pienso que he de forzar a la situación para que cambie, pero después lo pienso en frío, y me doy cuenta de que, con respecto a él, no sé lo que quiero. Hace casi cuatro meses, todo sucedió a una velocidad tan vertiginosa que no tuve tiempo de reaccionar para detenerme y pensar que estaba cayendo de lleno en aquello en lo que no deseaba caer. Muchas veces me pregunto qué es esto que me sucede en realidad, si es amor, no lo creo, o qué se yo... Intento dármelas de lista y no tengo la más remota idea de cómo he de actuar, ni qué debo decir.

jueves, 26 de mayo de 2011

Para mí lo es...

Una válvula de escape, otra forma de soñar despierta, tan lógica, tan coherente, y tan real que amedrenta, que cohibe. Y cuando abres los ojos, cierras sus páginas, detienes la imaginación y dejas de teclear, es como si se detuviese en seco un tren de alta velocidad dentro de tu sistema nervioso, como si un torrente de palabras se detuviera y dejase de fluir de pronto, después de una larga travesía, como si estuvieras sumido en un profundo sueño del que te despiertan de sopetón y sin previo aviso.

Medianoche

Me siento como maniatada, hay veces que no sé cómo actuar para cambiar las cosas, y aún así siento que necesito un cambio sustancial en mi vida, que me ayude a cambiar la monótona situación. Y lo único que me llega a fastidiar es que, por más que me doy cuenta de la sarta de estupideces que estoy cometiendo, no logro tomar otro camino, no consigo encontrar el momento para dar el golpe definitivo sobre la mesa. Supongo que en menos de un mes, cuando la monotonía haya terminado, pensaré de otra manera, todo será distinto, mas hay veces que pienso que tampoco quiero esto, que a pesar de que mis sentimientos son en vano, llenan igual, como si mi situación real fuera diferente a como es ahora. Al fin y al cabo, es preferible el dolor antes que no sentir nada.

jueves, 19 de mayo de 2011

Tan solo recuerdos.

Yo no elegí esto, lo creas o no. Y en situaciones como esta, veo desmoronarse poco a poco mi contudente decisión, por añorar aquellos tiempos que vivimos y que no parece que vayan a volver. Necesito las cosas claras, ahora más que nunca, necesito un poco de aire en este ambiente nublado en el que mi vida se ha convertido sin saber cómo ni por qué. Echo de menos tantas cosas, no te imaginas cuántas, pues sin quererlo esto se me escapa de las manos poco a poco y no sé qué hacer para recuperarlo. Tú no sabes, no tienes ni idea de todo lo que yo daría por desaparecer unos segundos, para pensar con claridad, para decidir qué es lo que debo hacer.

martes, 17 de mayo de 2011

2:18

Parecerá absurdo, pero a veces me doy cuenta de lo difícil que es para los demás valorar a todas las personas bajo el mismo patrón.

viernes, 13 de mayo de 2011

Lo que cabía esperar

En el principio de todo esto, hace ya tres meses y poco, esperaba tantas cosas... Supongo que esperaba detalles, sonrisas, lo típico, lo que una siempre espera para ver florecer el día a día cuando sucede lo que a mí. Reconozco que nada aconteció como esperaba, no sé si fruto de la situación o de mi siempre presente impotencia, de todo aquello que cada día me preguntaba por qué no eras capaz de darme a mí también. Así pues, la indiferencia, la obvia indiferencia por tu parte comenzó a florecer cada día, y yo, sumida en el silencio de quien sabe que aguarda un hecho insólito y casi imposible, comencé a preguntarme por qué había llegado a sentir tantas cosas, hasta qué punto había descontrolado mis sentimientos para encontrarme en aquel punto de mi vida en el cual no sabía cómo escapar de ti, y tampoco deseaba hacerlo. Me invadía por momentos esa certeza casi absurda de que, poco a poco, mi vida empezaba a girar en torno a tus movimientos, cosa que yo traté de evitar desde los primeros instantes durante los cuales despertaste en mí todas estas sensaciones. Esto no era lo que yo buscaba, por supuesto que no. Y, de pronto, de buenas a primeras, y tras pasar por varias situaciones que pueden hoy calificarse de principales artífices, me di cuenta de que me eras indiferente en muchísimos aspectos fundamentales. Y se me antoja extraordinaria la capacidad que tiene el subconsciente para recordar todo aquello que olvidamos, incluso sentimientos que hemos decidido apartar de nuestra vida. Y así, aunque lo niegue, en unos aspectos sigo siendo la misma idiota, y en otros, gracias a ti he cambiado más de lo que a veces pienso que mereces como persona.

lunes, 9 de mayo de 2011

1:55

"Aprendí que no se puede dar marcha atrás, que la esencia de la vida es ir hacia delante. La vida, en realidad, es una calle de sentido único". Agatha Christie.

jueves, 5 de mayo de 2011

...

Un camino que se bifurca... Al final es lo mismo de siempre, ¿no? Y aún así, esta vez es tan diferente todo...

miércoles, 4 de mayo de 2011

Quizás.

Todo eso que solía soñar, lo creas o no, logré dejarlo atrás. El primer paso fue olvidar las vanas esperanzas, que ya no poseo, o quizás que intento creer que no. Y no miento cuando digo que habría dado muchísimas cosas que no me fue permitido dar, habría ido a cualquier lugar si hubiera sido necesario hacerlo. Si ahora lo haría, no lo sé. Quizás sí, quizás no.

domingo, 1 de mayo de 2011

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“Vaya crecimiento de sentimientos tan veloz…cada segundo aumenta un poco más, llegando a ser cada día algo mucho más grande, algo que a día de hoy ha superado las fronteras del amor conocidas para mí hasta su aparición en mi vida.

Por más que pienso, no encuentro qué es lo que realmente me gusta de él. Y creo que sólo hay una respuesta: me gusta todo lo que es en sí.

Me gusta cómo me trata, que me haga rabiar y después me calle con un beso o un abrazo. Me gusta que me mire a los ojos y me diga cosas que hasta ese momento no me había dicho nadie, al menos, no con ese símbolo de seguridad. Me gusta que sea tal y como es CONMIGO, que no tenga miedo a nada y que me haga sentir esa misma seguridad.

Seguiría diciendo “me gusta” pero resulta que mientras lo escribía, me he quedado en blanco porque me gusta básicamente, por no decir TOTALMENTE, él.

Y en el fondo, no me gusta la idea de centrarme, cegarme tanto en eso. Tengo miedo de que algo falle, de que todo lo que es para mí termine. No en concreto por mi persona, sino por lo que somos ahora. No quiero imaginarme el momento en el que mis sentimientos no tengan un destino, el momento en el que pierdan el rumbo y se hundan poco a poco, hundiéndome a mí también. Sé que lo que siento, por mucho tiempo que pase (tanto tiempo como acontecimientos) no menguará, pero si aquello imaginado llega a pasar, presiento que todo mi ser se tornará a un gris inexistente hasta ahora e inimaginable para cualquiera.

Qué dramático suena y pinta todo esto. Mas es la pura realidad: no me imaginaría una vida sin él.”

El mundo, mi mundo, de pronto parece haberse detenido, parece estar preparándose para un nuevo impacto, quién sabe si para bien o para mal. Todo lo que tenía y creía seguro, de un momento a otro comienza a cambiar, dando paso a millones de nuevos sentimientos, sensaciones que ya parecía haber olvidado. Y, poco a poco, me voy percatando de que por mucho tiempo que pase, no ha cambiado mi forma de entregar sentimientos, todos en vano, sin siquiera esperar nada a cambio. Y, lo sé, lo reconozco, es absurdo, y me pregunto a cada día que pasa por qué me sucede esto a mí, después de tanto tiempo echando de menos sentir esa especie de electricidad tan característica que me proporciona su presencia. Y trato de negarlo, una y otra vez, por el miedo a darle a esos sentimientos una grandeza que no deberían poseer debido a su carácter absurdo. Es así, y lo sé, nada de esto es lógico, a pesar de que mi vida ha cambiado tanto desde los principios de esto que ahora siento y que no sé cómo detener. Y quizá es cierto eso que dicen de que he vuelto a caer de lleno, de buenas a primeras, y sin dilaciones, en el amor. Y es que, ¿qué persona en la faz de la tierra es capaz de detener al amor, y todo lo que este acarrea en nuestras vidas? Es así, con su incongruencia característica, con todo lo que esta conlleva, haciéndonos desear estar al lado de una persona cuya presencia no encaja en nuestras vidas. Sin embargo, por mucho que digamos, las palabras jamás serán lo suficientemente fuertes para cambiar tantos sentimientos.

“Ni siquiera lo son para describirlos. Algo tan sencillo como la palabra amor y tan complejo como los sentimientos tienen un enorme poder sobre nosotros. Tal fuerza tienen que es prácticamente incontrolable y la mayoría de las veces nos hacemos daño nosotros mismos. Quisiera poder controlarlo, poder frenar esto; encontrar sentimientos o lograr que se intensifiquen poco a poco, pero no puedo. Desde el instante en el que empezó a renacer todo, aún sin saber lo que en mí yacía, el proceso se aceleraba de tal manera que, para cuando me di cuenta, ya era demasiado tarde.

Es absurdo, cursi, demasiado ostentoso para ti, para ellos, para cualquiera… incluso para mí. Sin embargo, ahora mi felicidad forma parte de ese absurdo. Y no encuentro nada más lógico e inteligente que rendirme y dejarme llevar por esto que me rodea. Ya que no se puede evitar, sólo me queda disfrutarlo. Disfrutar de hasta su dolor. Todo esto me servirá en un futuro, lo sé. Independientemente de lo que me depare el elegirlo, será una experiencia más, algo de lo que estoy segura que no olvidaré en la vida.

Y es que, ¿cómo olvidar tantos momentos juntos? ¿Cómo olvidar lo que una vez alguien me hizo sentir, ese algo que sólo aparece en un momento de nuestras vidas y que tan sólo logran aprovechar algunos privilegiados? Es imposible, completamente imposible.

Así que, sabiendo lo que sé y sintiendo lo que siento, podría salir a la calle y gritar que estoy enamorada por primera vez en mi vida. Lo digo con total seguridad, sin tapujos algunos. Me queda mucha vida por delante, muchos caminos por recorrer, pero también me conozco a mí misma y sé que esto no lo sentiré nunca por nadie más.

Todo esto puede ser o parecer un tanto verosímil. Sin embargo, sólo es la pura realidad, MI realidad.”

El amor es así, siempre, sin excepciones que valgan. Es impredecible, sucede en el momento menos adecuado, más ilógico, dejando fuera de combate todas las más nocivas sensaciones que todos poseemos en los momentos menos felices de nuestra vida. Sólo el amor es así de poderoso, sólo él puede arrasar con todo a su paso, para bien o para mal. Y es que no hay fuerza lo suficientemente potente para echar abajo los cimientos que éste construye a través de los días y los momentos compartidos. Sucede que todas las malas situaciones de nuestra vida las olvidamos sola y únicamente en esos momentos que poseemos ese amor pleno y tan difícil de conseguir. Existe un camino, ese que nos lleva hasta él, ese que tantas veces abandonamos por puro miedo o por inseguridad. Un amor fallido es siempre una de las razones por las que tememos entregarnos en este aspecto. Mi situación es tan extraña, que a veces me pregunto qué es esto que siento, que tantas veces me ha quitado el sueño y me hace soñar despierta a cada segundo del día. Ha pasado tanto tiempo, y lo he esperado tanto, que ahora me resulta extraño estar sintiendo esto, que ha sido como una flor marchita que revive, cual fuego que resurge de sus cenizas. Y, supongo que mientras esto dure, jamás me cansaré, que seguiré esperando una absurda oportunidad que realmente no sé si deseo, cuya repercusión en mi vida, dudo mucho que fuera positiva. Y es así, y jamás será fácil hacer mandar a la razón frente al corazón. Nada de esto es lógico, mas, ¿quién tiene el poder para cambiarlo? De todas las personas que podían haber sido una opción factible, él era el último, ese absurdo, ese rocambolesco hecho que si alguien meses atrás me lo hubiese predicho, me habría reído de lo ilógico. Y, aún así, sucede, donde y cuando menos lo esperaba, me tomó por completa sorpresa. Después de todo, eso de que el amor es impredecible, es cierto. Y hay noches durante las cuales quisiera darle la vuelta a todo esto para poseer una ínfima oportunidad de entregar todos estos sentimientos, y otras en las que sé que él es como una pieza que aún queda por encajar en algún puzzle que no es el mío, y cuya presencia en él resultaría artificial, forzada. Y, lo confieso, hay veces en las que pienso que daría muchísimas cosas por lograrlo, pero sé que sería en vano, sé que yo sería la principal perjudicada. Por todo ello, estos sentimientos que día a día van creciendo en mí no son nocivos, simplemente dan otro color a la gris rutina de cada día que solía tener antes de encontrarme en tan bella y especial situación.