viernes, 13 de mayo de 2011
Lo que cabía esperar
En el principio de todo esto, hace ya tres meses y poco, esperaba tantas cosas... Supongo que esperaba detalles, sonrisas, lo típico, lo que una siempre espera para ver florecer el día a día cuando sucede lo que a mí. Reconozco que nada aconteció como esperaba, no sé si fruto de la situación o de mi siempre presente impotencia, de todo aquello que cada día me preguntaba por qué no eras capaz de darme a mí también. Así pues, la indiferencia, la obvia indiferencia por tu parte comenzó a florecer cada día, y yo, sumida en el silencio de quien sabe que aguarda un hecho insólito y casi imposible, comencé a preguntarme por qué había llegado a sentir tantas cosas, hasta qué punto había descontrolado mis sentimientos para encontrarme en aquel punto de mi vida en el cual no sabía cómo escapar de ti, y tampoco deseaba hacerlo. Me invadía por momentos esa certeza casi absurda de que, poco a poco, mi vida empezaba a girar en torno a tus movimientos, cosa que yo traté de evitar desde los primeros instantes durante los cuales despertaste en mí todas estas sensaciones. Esto no era lo que yo buscaba, por supuesto que no. Y, de pronto, de buenas a primeras, y tras pasar por varias situaciones que pueden hoy calificarse de principales artífices, me di cuenta de que me eras indiferente en muchísimos aspectos fundamentales. Y se me antoja extraordinaria la capacidad que tiene el subconsciente para recordar todo aquello que olvidamos, incluso sentimientos que hemos decidido apartar de nuestra vida. Y así, aunque lo niegue, en unos aspectos sigo siendo la misma idiota, y en otros, gracias a ti he cambiado más de lo que a veces pienso que mereces como persona.
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