“Vaya crecimiento de sentimientos tan veloz…cada segundo aumenta un poco más, llegando a ser cada día algo mucho más grande, algo que a día de hoy ha superado las fronteras del amor conocidas para mí hasta su aparición en mi vida.
Por más que pienso, no encuentro qué es lo que realmente me gusta de él. Y creo que sólo hay una respuesta: me gusta todo lo que es en sí.
Me gusta cómo me trata, que me haga rabiar y después me calle con un beso o un abrazo. Me gusta que me mire a los ojos y me diga cosas que hasta ese momento no me había dicho nadie, al menos, no con ese símbolo de seguridad. Me gusta que sea tal y como es CONMIGO, que no tenga miedo a nada y que me haga sentir esa misma seguridad.
Seguiría diciendo “me gusta” pero resulta que mientras lo escribía, me he quedado en blanco porque me gusta básicamente, por no decir TOTALMENTE, él.
Y en el fondo, no me gusta la idea de centrarme, cegarme tanto en eso. Tengo miedo de que algo falle, de que todo lo que es para mí termine. No en concreto por mi persona, sino por lo que somos ahora. No quiero imaginarme el momento en el que mis sentimientos no tengan un destino, el momento en el que pierdan el rumbo y se hundan poco a poco, hundiéndome a mí también. Sé que lo que siento, por mucho tiempo que pase (tanto tiempo como acontecimientos) no menguará, pero si aquello imaginado llega a pasar, presiento que todo mi ser se tornará a un gris inexistente hasta ahora e inimaginable para cualquiera.
Qué dramático suena y pinta todo esto. Mas es la pura realidad: no me imaginaría una vida sin él.”
El mundo, mi mundo, de pronto parece haberse detenido, parece estar preparándose para un nuevo impacto, quién sabe si para bien o para mal. Todo lo que tenía y creía seguro, de un momento a otro comienza a cambiar, dando paso a millones de nuevos sentimientos, sensaciones que ya parecía haber olvidado. Y, poco a poco, me voy percatando de que por mucho tiempo que pase, no ha cambiado mi forma de entregar sentimientos, todos en vano, sin siquiera esperar nada a cambio. Y, lo sé, lo reconozco, es absurdo, y me pregunto a cada día que pasa por qué me sucede esto a mí, después de tanto tiempo echando de menos sentir esa especie de electricidad tan característica que me proporciona su presencia. Y trato de negarlo, una y otra vez, por el miedo a darle a esos sentimientos una grandeza que no deberían poseer debido a su carácter absurdo. Es así, y lo sé, nada de esto es lógico, a pesar de que mi vida ha cambiado tanto desde los principios de esto que ahora siento y que no sé cómo detener. Y quizá es cierto eso que dicen de que he vuelto a caer de lleno, de buenas a primeras, y sin dilaciones, en el amor. Y es que, ¿qué persona en la faz de la tierra es capaz de detener al amor, y todo lo que este acarrea en nuestras vidas? Es así, con su incongruencia característica, con todo lo que esta conlleva, haciéndonos desear estar al lado de una persona cuya presencia no encaja en nuestras vidas. Sin embargo, por mucho que digamos, las palabras jamás serán lo suficientemente fuertes para cambiar tantos sentimientos.
“Ni siquiera lo son para describirlos. Algo tan sencillo como la palabra amor y tan complejo como los sentimientos tienen un enorme poder sobre nosotros. Tal fuerza tienen que es prácticamente incontrolable y la mayoría de las veces nos hacemos daño nosotros mismos. Quisiera poder controlarlo, poder frenar esto; encontrar sentimientos o lograr que se intensifiquen poco a poco, pero no puedo. Desde el instante en el que empezó a renacer todo, aún sin saber lo que en mí yacía, el proceso se aceleraba de tal manera que, para cuando me di cuenta, ya era demasiado tarde.
Es absurdo, cursi, demasiado ostentoso para ti, para ellos, para cualquiera… incluso para mí. Sin embargo, ahora mi felicidad forma parte de ese absurdo. Y no encuentro nada más lógico e inteligente que rendirme y dejarme llevar por esto que me rodea. Ya que no se puede evitar, sólo me queda disfrutarlo. Disfrutar de hasta su dolor. Todo esto me servirá en un futuro, lo sé. Independientemente de lo que me depare el elegirlo, será una experiencia más, algo de lo que estoy segura que no olvidaré en la vida.
Y es que, ¿cómo olvidar tantos momentos juntos? ¿Cómo olvidar lo que una vez alguien me hizo sentir, ese algo que sólo aparece en un momento de nuestras vidas y que tan sólo logran aprovechar algunos privilegiados? Es imposible, completamente imposible.
Así que, sabiendo lo que sé y sintiendo lo que siento, podría salir a la calle y gritar que estoy enamorada por primera vez en mi vida. Lo digo con total seguridad, sin tapujos algunos. Me queda mucha vida por delante, muchos caminos por recorrer, pero también me conozco a mí misma y sé que esto no lo sentiré nunca por nadie más.
Todo esto puede ser o parecer un tanto verosímil. Sin embargo, sólo es la pura realidad, MI realidad.”
El amor es así, siempre, sin excepciones que valgan. Es impredecible, sucede en el momento menos adecuado, más ilógico, dejando fuera de combate todas las más nocivas sensaciones que todos poseemos en los momentos menos felices de nuestra vida. Sólo el amor es así de poderoso, sólo él puede arrasar con todo a su paso, para bien o para mal. Y es que no hay fuerza lo suficientemente potente para echar abajo los cimientos que éste construye a través de los días y los momentos compartidos. Sucede que todas las malas situaciones de nuestra vida las olvidamos sola y únicamente en esos momentos que poseemos ese amor pleno y tan difícil de conseguir. Existe un camino, ese que nos lleva hasta él, ese que tantas veces abandonamos por puro miedo o por inseguridad. Un amor fallido es siempre una de las razones por las que tememos entregarnos en este aspecto. Mi situación es tan extraña, que a veces me pregunto qué es esto que siento, que tantas veces me ha quitado el sueño y me hace soñar despierta a cada segundo del día. Ha pasado tanto tiempo, y lo he esperado tanto, que ahora me resulta extraño estar sintiendo esto, que ha sido como una flor marchita que revive, cual fuego que resurge de sus cenizas. Y, supongo que mientras esto dure, jamás me cansaré, que seguiré esperando una absurda oportunidad que realmente no sé si deseo, cuya repercusión en mi vida, dudo mucho que fuera positiva. Y es así, y jamás será fácil hacer mandar a la razón frente al corazón. Nada de esto es lógico, mas, ¿quién tiene el poder para cambiarlo? De todas las personas que podían haber sido una opción factible, él era el último, ese absurdo, ese rocambolesco hecho que si alguien meses atrás me lo hubiese predicho, me habría reído de lo ilógico. Y, aún así, sucede, donde y cuando menos lo esperaba, me tomó por completa sorpresa. Después de todo, eso de que el amor es impredecible, es cierto. Y hay noches durante las cuales quisiera darle la vuelta a todo esto para poseer una ínfima oportunidad de entregar todos estos sentimientos, y otras en las que sé que él es como una pieza que aún queda por encajar en algún puzzle que no es el mío, y cuya presencia en él resultaría artificial, forzada. Y, lo confieso, hay veces en las que pienso que daría muchísimas cosas por lograrlo, pero sé que sería en vano, sé que yo sería la principal perjudicada. Por todo ello, estos sentimientos que día a día van creciendo en mí no son nocivos, simplemente dan otro color a la gris rutina de cada día que solía tener antes de encontrarme en tan bella y especial situación.
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