viernes, 4 de septiembre de 2015

Basta un paso en falso para arder en llamas

-Echo de menos esto.-Susurré, acariciando su brazo desnudo.-Tu piel. La adoraba, ¿recuerdas?
Ella trató de apartarse, pero mi mano ya había agarrado la suya, así que no le fue posible.
-Me ha sorprendido tu llamada.-Musitó.-Has estado meses sin dar señales de vida.
Suspiré y bajé la mirada, algo aturdido.
-Tenía miedo.-Confesé, mientras acariciaba la cicatriz de su antebrazo.-Sabía que al verte o incluso al escuchar tu voz se me nublarían las ideas.
Nos sumimos en un silencio sepulcral, tanto que podía oír su respiración entrecortada, y casi los latidos desbocados de su corazón.
-¿Ves? Lo notas, ¿verdad? Siempre hubo una conexión especial entre tú y yo.
Ella se había quedado muda, con sus ojos clavados en los míos.
-Entonces, ¿por qué siempre es todo tan complicado entre nosotros? ¿Por qué no pueden ser las cosas más sencillas?
Por supuesto, ninguno de los dos tenía la posible respuesta a esa icógnita, a pesar de lo mucho que nos la planteábamos.
-Quizás es que siempre fue un todo o nada entre nosotros. Supongo que los amores de tales dimensiones son difíciles de manejar, incluso para dos personas que solían conocerse tan bien como tú y yo.
Hablar en pasado me dolió más de lo que tenía planeado, y me vi obligado a hacer una pausa en mi alegato. A ella pareció afectarle del mismo modo, y bajó la mirada, como queriendo huir de todo lo que nos había sucedido.
-Lo nuestro era algo difícil de explicar.-Continué.-Diría que era como el fuego: se podía manejar, obtener cobijo de su calidez, pero bastaba un paso en falso para arder en llamas.