viernes, 25 de octubre de 2013

Maravillosa irracionalidad.

Lo curioso de los días nublados de esta ciudad es la fuerza con la que me traen tu recuerdo a la mente, como si fuesen idóneos para permanecer a tu lado y no tener que pasar frío durante el resto de nuestras vidas. Supongo que por eso la lluvia me hace pensar en ti con una intensidad que no soy capaz de controlar, que me invita a andar los kilómetros que hay entre ambos sin importar el tiempo que tarde ni lo exhausta que termine. 
¿No es increíble y maravillosamente irracional lo que somos capaces de hacer por determinadas personas? Digamos que no es casualidad que te escriba esta madrugada, y que tengo razones más poderosas para hacerlo que el frío o el espacio desierto que te guardo en el colchón cada noche, pero no necesito justificación alguna. Sé que conoces bien mis motivos, y con eso basta.

domingo, 20 de octubre de 2013

Batallar contra los recuerdos.

Ay, querida melancolía, la más fructífera de mis fuentes de inspiración. He vuelto tras mis pasos con la sonrisa de quien se cree ganador y solo me he topado de nuevo con tus sombras. Malditas las horas que malgasté, malditas las veces que morí de amor y no conté con nadie que me enterrara. No todo es tan sencillo como pensar "vaya, cometí este error, sigamos andando, que ya vendrán tiempos mejores". Porque tiempos prósperos han llegado, pero de madrugada me acechan los fantasmas de los meses perdidos y siento que aparece frente a mí en el espejo la demente que llegué a ser en otra etapa más confusa, plagada de interrogantes que jamás he llegado a descifrar. Una demente que perecía y resucitaba mil veces todos los días, que detestaba las montañas rusas mas se sentía viviendo en una y no poseía la suficiente fuerza de voluntad para cambiarlo. Nada tenía mucho sentido por aquel entonces, salvo la perspectiva de poner rumbo a otro lugar menos asfixiante, menos corrosivo para una mente lunática como la mía. Ahora solo me queda batallar contra esos recuerdos, que me asaltan en mis horas bajas pero jamás dejaré que me hagan caer de nuevo.

miércoles, 16 de octubre de 2013

"Ojalá se detuviera el tiempo."

Lo absurdo de los segundos es que cuanto más tratas de retenerlos, más rápido se esfuman. La ironía es que, mientras piensas "ojalá se detuviera el tiempo", este corre sin piedad burlándose de los deseos de los que todavía creemos que el amor puede derruir hasta los más sólidos muros. Cuán mezquino puede ser el mundo, y sin embargo seguimos creyendo en esos pequeños instantes de magia. Es esto lo que me devuelve la fe, la evidencia de que el sentido común no es más que una patraña, pues la mejor manera de juzgar a una persona es por su modo de amar, por su manera de quitarse la máscara frente a la persona indicada.

sábado, 12 de octubre de 2013

He dejado de tratar de leer entre líneas.

Me miro a mí misma y tal vez no he cambiado tanto. Solía ser de las que piensan que son las circunstancias las que moldean a las personas, y que rara vez somos nosotros capaces de cambiar nuestra suerte. Sin embargo, echando un vistazo al pasado, me estremezco por la de cosas que di sin obtener nada a cambio, por la de tiempo que esperé a sabiendas de que lo hacía en vano.
De repente he evocado la sensación de ese tiempo: aquel año de altibajos, un verano protagonizado por el ansia de partir y la estela de los mil errores que cometí aun siendo consciente de ello. Cierto es que se ha esfumado todo rastro de aquello, que soy una persona nueva y con más fuerzas que nunca. Sin embargo, rememorar ese tiempo casi me causa escalofríos, y tiemblo porque morí por una causa perdida desde el principio y temo volver a repetir esa hazaña.
No obstante, me observo ahora y todo cobra sentido, incluso mis equivocaciones. He dejado de tratar de leer entre líneas, porque cuando se trata de la felicidad lo único que se logra es hallar fantasmas donde no los hay.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Tal vez la cordura me ha abandonado a mi suerte.

Hacía tiempo que no me invadía ese hermoso temor a perder algo que ya poseo. En modo alguno afirmo que me guste el miedo, pero, ¿han sentido alguna vez la embriagadora evidencia de que tienen algo tan valioso que vale la pena defender por encima de todo? No esa sensación de vivir haciendo malabares por la incertidumbre de no saber si estás a punto de llegar hasta el corazón de alguien o estás a kilómetros de alcanzarlo, no. Yo me refiero a la certeza de que habrás de luchar contra el destino para conservar esa felicidad enloquecedora, pero que tener que protegerla con uñas y dientes la hace todavía más arrebatadoramente especial. Tal vez de un tiempo a esta parte la cordura me ha abandonado a mi suerte, mas lo absurdo es que no me preocupa. Conozco mis posesiones, así como mis batallas, y me enfrentaré a todo aquel que trate de arrebatármelas.