Ay, querida melancolía, la más fructífera de mis fuentes de inspiración. He vuelto tras mis pasos con la sonrisa de quien se cree ganador y solo me he topado de nuevo con tus sombras. Malditas las horas que malgasté, malditas las veces que morí de amor y no conté con nadie que me enterrara. No todo es tan sencillo como pensar "vaya, cometí este error, sigamos andando, que ya vendrán tiempos mejores". Porque tiempos prósperos han llegado, pero de madrugada me acechan los fantasmas de los meses perdidos y siento que aparece frente a mí en el espejo la demente que llegué a ser en otra etapa más confusa, plagada de interrogantes que jamás he llegado a descifrar. Una demente que perecía y resucitaba mil veces todos los días, que detestaba las montañas rusas mas se sentía viviendo en una y no poseía la suficiente fuerza de voluntad para cambiarlo. Nada tenía mucho sentido por aquel entonces, salvo la perspectiva de poner rumbo a otro lugar menos asfixiante, menos corrosivo para una mente lunática como la mía. Ahora solo me queda batallar contra esos recuerdos, que me asaltan en mis horas bajas pero jamás dejaré que me hagan caer de nuevo.
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