sábado, 1 de enero de 2011
2011
Me pregunto muchísimas veces, cuando tantas personas utilizan ese tópico "año nuevo, vida nueva", en qué se basan para afirmarlo con tanta firmeza. Me pregunto qué ha cambiado tanto de un día para otro, cómo es posible que el minuto que transcurre entre el treinta y uno de diciembre a las doce menos un minuto y el uno de enero a las doce en punto, sea suficiente para cambiar tanto el curso de las cosas. Mi forma de vivir, de pensar y de sentir, es la misma que ayer, y que mañana. El hecho de sentarnos expectantes ante una televisión, aguardando a que el reloj anuncie sus doce campanadas, ¿cambia algo? Yo, a mi año nuevo, le pido que las cosas no cambien. Habrá momentos de felicidad, otros no tanto, pero siempre, siempre, defenderé mis principios por encima de todo. Hoy, segundo día del nuevo año, a las dos de la madrugada, cuando ya ha transcurrido el primero de los trescientos sesenta y cinco días que llevarán el mismo nombre, mis ideales, mis proyectos de futuro, y esas personas a las que deseo conservar a mi lado, siguen siendo las mismas. A pesar de todas esas malas experiencias, de esas personas que, durante el transcurso del año que anteayer finalizaba, perdieron toda su credibilidad. Esas personas conocen su condición. Lo más importante es seguir viviendo bajo los principios que nos hemos impuesto, pues no es el destino el que traza el porvenir, somos nosotros mismos. Como un día dijo Antonio Machado, "caminante, no hay camino, se hace camino al andar".
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Dedicado a un escritor en la madrugada.
ResponderEliminar"Caminante, son tus huellas el camino, y nada más; caminante, no hay camino,se hace camino al andar. Al andar se hace camino, y al volver la vista a atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar"
Me dedicaste tus huellas azules; nos encontramos alguna vez en la madrugada cuando mis desvelos tenían otro motivo de los desvelos de ahora; me desvivía por significar algo para ti, y volviendo la vista atrás me doy cuenta de que ya formo parte de tu vida, como la formo de aquel con el que se inició todo esto, allá por 2007, nada menos.
Yo también he escrito con las tripas sobre la mesa. Mejor, echando mis tripas a los tiburones, a modo de carnaza. Tripas que han degustado con delectación. Confieso que alguna vez, como se lo tragan todo, también les he echado las inmundicias que producía. Cuanta más imnundicia más contentos se ponían. Reflexionad también.
Si es juego, vale. En esta historia he jugado algo, poco y sin trascendencia, pero...lo que no es juego, y puede cambiar el rumbo de la vida de una persona, ¿se puede confiar a que al protagonista se le ocurra visitar no se qué blog, que tiene no se qué comentario, que le llevará a otro blog en donde se dice algo que lo mismo puede que sea sí como que sea no? ¿Qué forma es esta de construir nada? ¿O es que son cosas tan fútiles que las podemos dejar en manos de la casualidad?
Escritor de madrugadas: tus principios, tu credibilidad, tus proyectos...quiero que sepas que eras una espina en mi corazón, junto con la de algún antiguo amigo; que me reconforta saber que me has tomado en serio a pesar de lo fácil que es burlarse de mis sentimientos; que te agradezco la buena voluntad y mesura que muestras; que gracias a ti he podido expresarme con total since-ridad y aquí volví a encontrarme con "él", como dices en la entrada de hoy.
Y si he vuelto a desbarrar y no eres el que dejó su huella azul en mi, que todo puede ser, toma de este comentario lo que te corresponda.
Un beso, bueno...un abrazo.