Todavía me quedan mil cosas por las que podría lamentarme. Sin embargo, lo siento, se me han agotado las fuerzas para contar lo cruel que es el destino y decirle al mundo lo dura que puede ser la existencia. Hoy solo tengo ganas de dar las gracias por todo lo que tengo, aunque a veces mi visión se nuble parcialmente y no sea capaz de ver lo afortunada que soy por todo lo que tengo. En estos momentos tan efímeros en los que el optimismo vence a todos los sentimientos nocivos, no se me ocurre nada más que decir. Si la vida está compuesta de pequeñas vivencias las quiero todas, por muy insignificantes que sean, sin opción de rechazar alguna de ellas por banal o absurda. No necesito hacerle saber al mundo lo complicada que puede ser mi vida, porque no busco compasión. Quizás no tenga todo lo que deseo, pero amo cada cosa que tengo hasta sus últimas consecuencias.
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