"Cuando quise huir, ya tenía su mirada clavada en mí.
Su
intensidad me abrumó. No quería aquello. No otra vez. Después de
todo, y del tiempo que había pasado, ¿aún no era distinta la
aplastante turbación que sus ojos provocaban en mí?
Y qué modo tan
descabellado tenía de profesarle amor. Era de un surrealismo solo
digno de las mejores historias de ficción.
Y aun así, siempre había
un nuevo obstáculo. Y siempre era yo la que se rendía."
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