lunes, 28 de mayo de 2012

Este mundo de cobardes

Puedes ser un valiente toda tu vida, afrontar los temores mirándolos directamente a los ojos y encarar las más adversas situaciones con una entereza envidiable a ojos de los demás. Sin embargo, cuando en la más absurda de las situaciones te muestras débil, la etiqueta perdura en tu ser de por vida, no importa si es un solo instante en el que flaquean tus fuerzas. Y es que una sola señal malévola pone en entredicho todas las demostraciones de bondad, porque vale más creer a alguien un fracasado que alzarlo como héroe, pues nos cuesta menos asimilar los defectos de los demás que sus incalculables virtudes, o quizás es que digerimos mejor nuestros fallos alzando los del resto. Los valientes no triunfan en este mundo mezquino porque hay demasiadas mentes retorcidas dispuestas a verlos caer. Y no sé si quiero formar parte de esto, si sería crítica en demasía al creer que hay personas cuyas vidas son tan vacías que subsisten a base de los fracasos de otras, creyendo que estos empequeñecen sus propios intentos fallidos.

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