Una de las cosas más importantes que la vida me ha enseñado es que hay que saber retirarse de las batallas a tiempo y en el momento justo. Intentar presionar de más termina pasando factura, pues la avaricia siempre fue mala consejera. He usado mis mejores armas y he jugado mis mejores cartas, pero no se puede luchar contra el destino. Y así me retiro de esta lucha, con la sensación de haber intentado todo lo que estaba en mis manos. Le toca al porvenir dictar su sentencia.
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