Sucede que llevas unos días viviendo como en una realidad paralela, lejos de aquello que te hace daño de un tiempo a esta parte, dejando atrás con éxito todos los momentos vividos y que nunca alcanzaste a comprender. Ya no necesitas explicaciones, al parecer tu vida ya no depende de ello. Y, de pronto, como si te hubieses subido a una máquina del tiempo, como si los duros esfuerzos por olvidar hubieran sido en vano, alguien pronuncia las palabras mágicas, que te confirman que él está cerca, y que tu nueva vida ha sido solo un espejismo. Porque los momentos malos están ahí, solo son pasado, pero son los hermosos los que más duelen, los que te tientan a buscarle y pedirle millones de explicaciones.
Entonces, ¿Qué te queda por hacer sino lamentarte? Quizás desear no haberte permitido enamorarte de este modo. Y te sientas en el primer lugar que encuentras, porque no hallas otro modo de apaciguar la angustia. Solo te sientas a esperar que se te pasen las ganas de verle. Lo que no sabes es que hay deseos que escapan al control del ser humano.
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