Cada uno de nosotros tiene sus razones. Para vivir, para reír, para ser felices, quizás incluso para no hallar un camino mejor que el de atarse a un sentimiento caduco y casi morir en vida. Pasamos mitad de nuestra existencia buscando respuestas a unas preguntas que desconocemos, y la otra mitad amargados por no lograr hallarlas. Y cuando volvemos la vista atrás y vemos en qué sandeces hemos malgastado el valioso tiempo que el destino nos concede, echamos a correr, tratando de alcanzar un pasado que nunca vuelve, que no se deja atrapar por muchos lamentos que le dediquemos.
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