No entiendo en qué estación nos hemos detenido, hasta qué punto hemos de llegar para saber quiénes somos o qué nos depara el futuro. Nos piden coherencia, mas, ¿Y si a veces hace falta un poco más de tiempo para alcanzar a comprender? Quizás es que no nos hemos detenido bien a pensar cuáles son nuestras metas.
Todo se detiene de pronto, el mundo parece darme un respiro para que sea capaz de vislumbrar de un modo más nítido aquello que deseo para mí. Creo que no he sabido rebelarme contra mis propios prejuicios, que me he dejado llevar por cosas que creo imposibles pero que algo en mí me cree con capacidad para ello. De todos modos, no soy ni la mejor persona del mundo ni la que más éxito merece, y mis inseguridades me frenan constantemente, como un muro que aún no he sido capaz de derruir. No obstante, lo que espero de las personas que me rodean no es que traten de cambiarme, sino que comprendan quién soy y apoyen mis decisiones por muy equivocadas que crean que son.
A veces olvido que vivo en un mundo de personas mezquinas que lo único que anteponen a la consecución de su propio éxito es el fracaso ajeno, un mundo de esos en los que los débiles se quedan rezagados y pierden las mejores oportunidades. Supongo que hemos nacido para esto, para destruirnos los unos a los otros sin razón aparente para así alcanzar nuestras metas sin importar a cuántas personas tenemos que pisar por el camino.
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