Que sí, que este es mi caos y que no hay quien salga de él una vez que estás dentro, pero ya no me importa porque al fin soy consciente de que esto es lo hermoso de la vida. Y que envidien los perdidos, los que buscan entre las cenizas de sí mismos para reconstruir su propio mundo de nuevo sin comprender que no hay orden que valga, que el amor consiste en dos vorágines que se convierten en calma total cuando colisionan y se complementan de un modo surrealista. Quizás sea cierto que nacemos para ser errantes en busca de alguien que quiera caminar a nuestro lado sin cansarse jamás.
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