El pasado jamás regresa. Una de las vivencias más difíciles de comprender, y con la que más golpes nos damos a lo largo de la vida, es el hecho de que hay cosas que, por mucho que deseemos que permanezcan, tienen que quedar atrás. El confuso presente puede no dejar lugar a dudas, y aun así ese es el momento de aferrarse a un clavo ardiendo solo para no soltar aquello que es hora de abandonar en el recóndito pasado. ¡Y vaya si termina quemando!
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