Me has hecho tan fuerte, que he dejado de temerle a cosas que jamás me atreví a pensar siquiera. Me has ayudado a encontrar una valentía que, aunque estaba ya dentro de mí, jamás me había topado con ella.
Gracias por aparecer, cuando ya creía que había dado todo lo mejor de mí y solo quedaban resquicios. Gracias por tomarme de la mano y llevarme a florecer, y por haber florecido conmigo y habernos convertido en invencibles
Gracias por hacer de tus brazos mi refugio en la tormenta, por la paz que me regalas, por esos momentos de calma total en los que acaricias mi rostro con tu mano y el mundo se convierte en un lugar mejor.
Y por millones de cosas más, gracias.
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