Siempre he creído que el ser humano es un hipócrita, que lo da todo a quien le niega el afecto, y a aquellos que le aman les responde con pura indiferencia. El problema es que hay que estar al borde del precipicio para saber cómo se siente realmente, y nosotros creemos que es suficiente con imaginarlo, y vamos por el mundo creyéndonos los salvadores de nuestra especie hasta que sucede. Sucede que nos enamoramos y el mundo se vuelve patas arriba. Y en el momento de decidir, nos lanzamos a la piscina, sin miedo alguno, suponiendo que todo será tan sencillo como respirar, como amar y ser amado, el sueño absurdo de toda persona cuerda. Sin embargo, sin previo aviso, nos hallamos tan cerca de caer al abismo que la cobardía hace acto de presencia. Entonces ya es demasiado tarde. Entonces la fuerza abrasadora ya nos ha consumido hasta reducirnos a cenizas, sin darnos ocasión de replicar o entender por qué acontece así.
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