viernes, 17 de agosto de 2012

If the river I've cried ain't that long...

Son momentos tan especiales que no concibes, como leyendas que te pasas toda una vida negando, mas cuando te las encuentras de frente no puedes hacer más que plegarte ante su fuerza descomunal. Esa fuerza capaz de volvernos locos, capaz de mantenernos noches en vela indiferentes al cansancio o al deseo de avanzar. Porque solo los dementes adoran este tipo de sentimientos, que son capaces de hacernos morir y resucitarnos en cuestión de instantes. Y dicen por ahí que el amor es el único capaz de vencer al tiempo, e incluso a la distancia. Pero, amigos, hace falta algo de locura para que suceda. Y conozco miles de cínicos que reniegan de ello, que proponen la debilidad como la única causa y peor defecto del ser humano. Yo creo que es necesario algo de valentía para permitirse amar. Pero, claro, siempre existe ese tipo de personas que fingen no saber cuál es el color del dolor, porque es para cobardes. Para cobardes que un día fueron valientes y quizás perdieron la ilusión en el intento.
Y no miento cuando digo que si es por amor nunca se llora lo suficiente. Por mucho que cerremos los ojos para evitar derramar lágrimas, es inútil. Ellas corren por dentro, no importa cuán fuerte o sólido sea el escudo que construimos a nuestro alrededor.

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