"¿Sabes cuál es el problema? Que cuando nos acostumbramos a la presencia de alguien, sobre todo si esa persona hace que nos sintamos bien, ya no hay vuelta atrás. De pronto, una conexión cuanto menos absurda parece atraparnos, y no existe manera humana de revertir los efectos. No importan las diferencias, ni los obstáculos. Cuando dos almas han de cruzarse de forma irrevocable, el destino no pregunta ni se anda con rodeos. Simplemente, hace acto de presencia, sin importar cuán intensamente nieguen su magia las personas afectadas."
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