El mundo se desvanece de nuevo, pero esta vez no soy yo la que cae. Me siento resurgir de los restos de mí misma, como si nunca me hubiese marchado, como si esta monumental equivocación solo me hubiera convertido en una persona todavía más viva si cabe. Y vengo con los mismos sueños, con las mismas metas, por si aún queda alguien que lo dudaba. Quizás es que ya toqué fondo una vez y me he negado a hacerlo de nuevo. Lo cierto es que tampoco has sido tan importante, que la rabia a veces hace acto de presencia, pero no ha podido con mis ganas de vivir ni con mis ganas de amar, que se avivan más que nunca, que se mueren por gritar a los cuatro vientos que han vuelto. Que hemos vuelto a resucitar. Olvidemos las culpas, eso es de débiles y de personas que necesitan aferrarse a algo para poder dormir cada noche.
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