Supongo que es lógico perder la fe de vez en cuando, sentir que caminas por el frágil hielo de las inseguridades, que de un momento a otro se resquebrajará haciéndote caer en quién sabe qué abismo fantasmagórico. Todos vivimos momentos que nos hacen desear desaparecer, volar lejos y dejar atrás todo lo que nos deja paralizados en medio del camino mientras deseamos alcanzar la meta que representa la felicidad plena. Mas ese es nuestro mayor error, creer que la felicidad es un fin, un objeto a alcanzar, y vivimos tanto tiempo tratando de llegar que no nos percatamos de que el tiempo ha pasado, y que hemos desaprovechado demasiadas pequeñas oportunidades por alcanzar la definitiva.
Digamos que he dejado de intentar lograr imposibles. Ya no deseo nada más que lo que tengo, porque tal vez no lo tenga todo, pero sí todo lo que necesito.
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