Cierro los ojos buscando el contacto de su piel, ese aroma tranquilizador que desprende a su paso, esa mirada que entre arrullos trata de hacerme comprender que todo se encuentra en calma.
Rastreo en lo más hondo de mí y solo hallo el tumulto que causa la infinita trifulca entre el deseo y el miedo. Supongamos que los temores jamás se marchan por completo, que he dejado de amedrentarme ante los fantasmas de los recuerdos, mas es inevitable estar alerta. Y le temo a que nunca llegue a comprender cuán grande es el sentimiento que ocasiona en mí. Podría aclararle mis razones para temer, mas mi principal contratiempo es que estas se extravían cuando le tengo a escasos centímetros de mí, sin explicación alguna. Digamos que tratar de entender este hecho está de más, que somos así, aquí y ahora, y que mi único anhelo es el de conservar todo lo que poseo.
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