¿En qué momento nos volvemos personas de esas que lo dan todo por perdido al mínimo obstáculo? Quizás es que los años nos fustigan sin cesar hasta que aprendemos a dejar ir y a luchar más por aquello que realmente merece el incansable esfuerzo de nuestros desvalidos corazones. Aguardamos algo que jamás llega y estamos demasiado ocupados viviendo entre lamentaciones para ser conscientes de que la vida no termina, de que siempre hay una nueva esperanza detrás de cada intento fallido. Y dicen que de los desengaños se aprende, pero ¿y lo hermoso que es seguir siendo soñadores toda la vida?
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