Ya no puedo indagar en busca del consuelo en sus ojos porque están impregnados de esperanza, y siempre duele ver cómo los demás tienen por naturaleza algo que tú llevas tanto tiempo buscando. Ella se esconde de mí como si se tratara de su último propósito en la vida. Cuando no queda nada, la busco a mi alrededor como si fuera la salvadora de mi monotonía, como si ella pudiera arreglar lo que yo solita me he buscado. ¿Es que es tan difícil ver que no quiero nada más que lo que tengo frente a mí y no soy capaz de alcanzar? Debe ser el pesimismo, que nos vuelve pequeños a todos cuando nos dejamos dominar por él, y nos vira el mundo para hacernos las cuestas todavía más encaramadas.
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