"Te expliqué, hace no mucho, los motivos que me llevaron a tomar todas las decisiones erróneas cuyas consecuencias aún me martirizan hoy por hoy. Sin embargo, no estoy aquí para pedirte disculpas. He metido la pata mil veces, y por esas mil he pedido perdón casi en un millón de ocasiones. Enmendé mis equivocaciones, en un primer momento con palabras, y tras ellas llegaron los actos que las corroboraron, que tú recuerdas tan bien o mejor que yo. No necesito que me expliques ahora eso de que los caminos se bifurcan, o que aludas al destino para justificar tu insensata cobardía, que es la única culpable de lo que nos está sucediendo.
Si me preguntan por el momento más especial o más importante de toda mi vida, probablemente no tendrá nada que ver contigo, porque a veces damos más trascendencia a esos instantes de absurda euforia, pero esos son demasiado efímeros para mi gusto. Me quedo con el recuerdo general de maravillosos años de amistad que se me antojaban interminables, pero tras golpearme de lleno contra la realidad he comprendido que nada es eterno. Ni tú, ni yo, ni el lazo de acero que nos unía."
No hay comentarios:
Publicar un comentario