viernes, 22 de marzo de 2013

The worst is over now.

Debo admitir que, hace unos meses, no tenía miedo. El ansia por comenzar de nuevo me apremiaba, como si necesitara huir de todo aquello que sucedió y que me ataba con cadenas de acero a un sentimiento irracional e inútil, que jamás fue valorado como merecía. La necesidad de reciprocidad me presionaba, y a la vez tiraba de mí, a sabiendas de cuán fácil me ha resultado siempre caer en el vacío.
Pero digamos que todo pasa, que no todo es tormenta, y aunque nunca creí en la justicia implícita del destino, ahora mis aguas se encuentran en calma. Una calma que, aunque podría atemorizarme por su carácter inusual, anuncia que vuelvo a tenerlo todo, que al fin y al cabo la perseverancia puede dar frutos, y que la felicidad no es más que luchar por lo que deseas, ya que sabe mejor cuando has empleado la voluntad inquebrantable de quien se sabe merecedor de la victoria.

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