domingo, 13 de marzo de 2011
1:21
La decisión es tuya, no mía. O bien estás ahí siempre, donde hace poco tiempo yo creía que estabas, o te alejas para siempre. En esta situación, el término medio no es factible, y creo que tu posición la tengo decidida de manera irreversible.
miércoles, 9 de marzo de 2011
Ya no.
Ya no tengo miedo. Y, realmente, no sé si alguna vez lo tuve, si realmente fui capaz de desear otra vida que no fuera esta que ahora tengo, de la que alguna vez formaron parte muchas personas que hoy descarto, que hoy sé que jamás estuvieron por mí... Pero eso ya no me afecta. Ya no. Me despierto una mañana, echo de menos tantas cosas de épocas pasadas, pero nada me hace querer atrasar el tiempo. Quizás eche de menos personas que hoy no están, unas que en un tiempo estarán de vuelta y otras que perdí por el camino, pero no por ello perderé a todas esas que ahora se mantienen a mi lado. Hubo un tiempo en el que solía temer a la soledad, a no ser capaz de mirar al pasado y contemplar con júbilo esos buenos momentos que no volverán... mas no comprendía que, a medida que el tiempo va transcurriendo, van sucediendo momentos mejores, que no sustituirán a los pasados, pero servirán para seguir continuando, para continuar con una sonrisa en los labios, esa que jamás debió ser borrada por nada ni por nadie. Hoy, confieso que no siempre fui una persona sociable, optimista, no siempre fui capaz de mirar al pasado manteniendo la sonrisa. Reconozco que tuve miedo, y hay ocasiones en las que lo sigo teniendo, pero es el instinto de superación el que me ayuda a creer. Y sí, creo en el futuro que me espera, en el futuro lleno de alegrías que poco a poco intento construir y que, cuando llegue el momento, viviré sin pensar en lo que vendrá después. Porque de eso se trata, de vivir el ahora, aunque sea efímero, aunque el ahora llegue a parecer inexistente y nos quedemos estancados en el pasado o viviendo el futuro antes de tiempo. Aunque un día me despierte, mire a mi alrededor, y no vea nada, aunque sienta que avanzo a contracorriente, siempre habrá una chispa de esperanza. Y cuando sucede, las nubes se disipan. Ya no hay dudas que valgan, porque sé dónde está mi futuro, mi presente y mi pasado, sé a qué personas doy cabida en ellos, a cuáles no. Esta noche he recobrado esos pensamientos cuya ausencia había notado pocos días atrás, hubiera deseado dejar algunos de ellos enterrados en el subconsciente, porque nunca se sabe cuándo ni dónde surgen tantos sentimientos que te hacen detenerte, que te hacen creer que comienzas una etapa nueva, diferente, más plena, y te das cuenta de que lo único que ha cambiado son tus sentimientos, y con ellos, tu forma de pensar, de actuar, de sentir. Después de tantos días, semanas, incluso meses sin sentir nada en ese aspecto, es como ver renacer una flor, es como olvidar los tiempos menos benevolentes, porque de nuevo posees una razón por la que dejarlo todo atrás… algo por lo que cometer locuras, a pesar de que eres consciente de que no estás dotada de posibilidades para cometerlas. Y a pesar de ello, te levantas cada mañana, con ojeras surcándote las cuencas de los ojos por madrugar demasiado, y deseas estar perfecta siempre, y esperas con impaciencia esa temprana hora en la que te despiertas con una breve y somnolienta sonrisa y piensas que ahí va a estar él… Pero, ya se sabe, tarde o temprano alguien te despertará de esa utopía, cuando la obvia indiferencia sea tan visible que no puedas siquiera ignorarla, y te preguntes por qué cada nueva ilusión que te es concedida se ve truncada tarde o temprano. Y a pesar de todo, a pesar de que nada ha cambiado en este aspecto, posees esas ilusiones de futuro que aún te quedan por vivir, cuyo momento llegará, cuyas expectativas se cumplirán con creces, siempre y cuando sepa mantenerme junto a las personas que realmente merecen que sea como realmente soy. Así pues, a todas esas personas que poco a poco están perdiendo relación conmigo, he de decirles que no me importa. Hoy, sé quién es mi gente, y sé quién pagaría por lograr mi ausencia.
lunes, 28 de febrero de 2011
Días
Durante estos días lentos, en los cuales tu ausencia se alza como gran protagonista, desearía no tener esta absurda sensación que corrompe todas las barreras que fui capaz de alzar hasta ahora entre el mundo y mis sentimientos reales, esa sensación que es capaz de hacerme sentir como si los minutos pasaran en balde...
28 de febrero
Hay días tan extraños, que siento como si realmente estuviera estancada en uno solo, como si en vez de vivirlos, me plantara cada día frente al reloj aguardando un momento que no sé exactamente cuál es, mas me siento en la absurda obligación de esperar... no importa cuánto tiempo pase. A veces es un alto precio a pagar por solo un par de palabras, pero, ¿qué puedo hacer? A veces siento que he cambiado tanto, y en situaciones así, veo que sigo siendo la misma en muchos aspectos...
domingo, 20 de febrero de 2011
Melancolía.
Hay días que te paras a pensar por los hechos, y comprendes tantas cosas... Miras hacia el futuro, y ves como los caminos se bifurcan, como han pasado casi cinco años, y han ocurrido tantas cosas de distintos calibres... Y deseas empezar de nuevo, para vivirlo todo una y otra vez, porque sabes que dentro de poco no va a ser igual. Que las cosas están cambiando, lo notas, y quieres detenerlo, y por más que lo intentas, es algo inevitable. Evitas pensar en ello, evitas ver lo inminente de la situación, te ves en la más absurda ignorancia, pensando que quizás olvidando mientras puedas, conseguirás detener la añoranza y todo lo que a ésta va a seguir dentro de poco... Queda ya tan poco tiempo que parece absurdo, que hay veces que incluso miles de escalofríos me hacen estremecer al pensar en todo lo que vamos a dejar atrás, en todas esas cosas que se romperán y jamás sabremos recuperar. He de reconocer que no dejo de desear marcharme, dejar todo atrás, cambiar de una vez por todas. Por otro lado, las vivencias de todos estos años pesan tanto, que quisiera ser capaz de meterlas todas en una maleta para llevarlas conmigo. Todas esas personas que, a lo largo de los años han entrado y salido de mi vida, a todas ellas querría recordar por el resto de mi vida. Luego hay otras personas, esas especiales, esas que por muchas cosas que pasen, sientes que no vas a poder dejar atrás, por unas circunstancias u otras. Y, de pronto, me percato de que no hay excusas ni máscaras de insensibilidad que valgan ante la magnitud de los sentimientos que estoy a punto de dejar atrás, a los que me aferro con fuerza, y aún así, sé que no voy a ser capaz de sostenerlos todo el tiempo que desearía. Es simple, es ley de vida, mas siento que no voy a ser capaz de vivir sin esas tardes, sin esos ratos en la más sencilla compañía, con esas pocas personas que he podido contar con los dedos de una mano, las cuales sé que me han acompañado en las buenas y en las malas, y que en un futuro próximo tendré que decirles adiós. Me pregunto que ocurrirá, si realmente la distancia va a poder con todo lo que cuidadosamente construimos en este tiempo... Y solo el tiempo será capaz de concederme la respuesta.
miércoles, 16 de febrero de 2011
...
Hay situaciones en la vida que, por determinadas circunstancias, te hacen tener miedo. Miedo a sentir cosas nuevas, miedo a los cambios que éstos son capaces de causar en tu vida. Hasta que, una día, te vuelves hacia atrás, y ves todas las experiencias y sensaciones que estás dejando atrás por ese absurdo temor. Después de toda una vida actuando de una manera determinada, ¿quién sería capaz de cambiar su forma de sentir, de actuar? Es como reencontrarse con tantos sentimientos a los que ya habías renunciado, a cuya ausencia estabas tan acostumbrada, y de buenas a primeras, aparecen de nuevo, tomando la forma de alguien a quien jamás viste de esa manera, a quien jamás volverás a ver igual.
martes, 15 de febrero de 2011
16:58
Cuán absurdo puede resultar a veces el ser humano, cuando desea algo que se le es concedido, y lo único que hace es desear más, y más, hasta el punto de perjudicarse a sí mismo entre tanto deseo absurdo e inconcebible. Es así como funcionan las cosas la mayor parte de las veces, la mayoría de nosotros nos creemos especiales y sólo somos así, iguales, funcionando todos mediante el mismo mecanismo que nos hace actuar a todos de la misma absurda e insensata forma.
sábado, 12 de febrero de 2011
viernes, 11 de febrero de 2011
Pause
De pronto, pones pause en tu vida, como queriendo detener un instante, para poder llegar a comprenderlo. Miras en derredor, piensas en tantas cosas que podrían ser... Y te percatas de que hay una que desea tu subconsciente desde hace mucho tiempo y que has ignorado en el más pleno sentido de la palabra. Un sentimiento perjudicial, tal como el rencor, te cambia la vida. Un sentimiento bello, puro, pleno de cosas por entregar, es capaz de dar a ésta un giro de ciento ochenta grados. De repente, el centro de todo, cambia. Lo que creías cierto se convierte en relativo, y lo relativo toma tanta fuerza que aturde, que parece dejar fuera de combate a una persona que lleva años aguardando algo que desconoce. Y no logras concentrarte, cuando su presencia te desconcierta, y aún así, deseas que jamás se marche. Y hay algo dentro de ti que anuncia lo evidente, lo que jamás esperabas, lo que va a impulsar ese giro en tu vida que tanto pediste. Y, sin precedentes, sucede. Cada día, cada hora, cada minuto, cobra un sentido distinto, dentro de los cuales sólo está grabado el mismo nombre, una, una y otra vez.
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